16 jun. 2017

De la lluvia

     Hoy he decidido ser cómplice de la lluvia. Y he llovido cada una de las veces que nos hemos prometido ser, estar, querer(nos). Cada una de las veces que nos hemos mentido para ser, estar, querer(nos).
     Han llovido sobre mis mejillas cada uno de los besos, que han ido a parar a los labios para que no me olvide de ellos cuando ya no nos los demos; cada uno de los los abrazos, que se han dejado caer hasta las puntas de los dedos para poder tocarlos cuando ya no nos los demos; cada una de las caricias, que han decidido anidar entre las costillas para erizarme la piel cuando ya no nos las demos; cada una de las miradas, que se han quedado en las pestañas enredadas por si algún día se me ocurre olvidar tus ojos, poder verlos.
     He llovido sobre suelo mojado por cada una de las veces que has sido tú cómplice de la lluvia. Y que lloviste sobre tus mejillas lo que tus nubes guardan, tan celosamente, de mis pupilas. Porque a veces eres nubes y llueves, y me doy cuenta entonces, de que, si me dan a elegir, prefiero el invierno a las primaveras sin tus lluvias.

     Hoy he decidido ser cómplice de la lluvia y el inverno me ha hecho pequeña para hacerme ver que por llover, nadie se ahoga. 

4 nov. 2016

Retales de un estallido

En una fiesta en decadencia. Entre el destello de las luces de colores, quizás un par de copas (de más) y el ruido de la música de fondo, que pasado un rato ya no escuchas. Ahí plantaron su primer beso. Y después algunos más. Se buscaron con las manos, la mirada, los labios. Y se encontraron todos ellos en su portal.

·

Ha decidido quedarse a vivir en sus labios. Cualquier rincón les sirvió aquella noche, una esquina al azar, unas escaleras y, de nuevo, su portal para enredar su lengua a la de ella, estrechar el espacio, cortar el aire, clavarse el cuerpo.

·

Rompieron la paciencia del banco en el que decidieron encontrarse anoche. Se murió de celos. Y de pena, cuando se fueron cada uno por su lado. Alargaron el reloj, le arrancaron las manecillas para que no molestase más los besos. Los que tenían pendientes y todos los que aún les quedan(ban). Guardaron anoche, además, algunas promesas sin pensar en lo que pueden pesar.

·

Un aeropuerto. Hasta pronto.


(...)

Has sido silencio tantas veces que apenas recuerdo tu voz. En realidad, para qué negarlo, hemos sido silencio tantas veces, que apenas recuerdo cómo sonamos. En tan poco tiempo cuántos silencios nos habremos dado. Silencios de miradas gritando a pleno pulmón, de palabras dulces (con miedo) en el paladar. Silencios contenidos saliendo en forma de gemidos. Silencios fríos, de castigo. Silencios que no podremos callar jamás.

Si tuviéramos que ser una banda sonora seríamos, sin duda, silencio, pero ¡qué silencios!

(...)
(...)

Hoy, al entrar, mi portal me ha hablado de nosotros. Y me ha preguntado por ti. Que no se nada de ti, le he tenido que decir. Me ha parecido verle triste (o quizás ha sido mi reflejo en su cristal). Él, que tantas veces nos ha visto pasar, obligado testigo de los besos, las miradas, las despedidas (que nunca lo eran de verdad) no ha entendido nada de lo que, callada, le ha contado mi mirada. Y, al irme, me ha dicho con pena (la suya y la mía) que nos echará de menos, como yo. Porque nos fuimos sin decirlo; te fuiste y nunca se me ha dado bien la soledad. Me voy donde no me recuerde a ti mi portal, ni el sonido de las llaves, ni las luces apagadas. Me voy de mí hasta que te vayas tú.

(...)

"Tenemos noviembre".

1 ago. 2016

Agosto

Sin pasar las hojas del calendario, el calendario ha seguido corriendo. Sin previo aviso, sin preguntar, sin tener en cuenta las ganas. Agosto. Le tuvimos miedo, y aquí está. Dice que se queda, durante al menos treinta días más. Que no le dejemos solo, dice. Que septiembre le sigue detrás. Que correrá, me ha prometido. Treinta y una cruces rojas. ¿Y, después, qué más?


Me ha pedido, a cambio, que me desvista de la tristeza. Y así, desnuda (os) de miedos, te espere.

Breve, como ha prometido ser. 

6 jul. 2016

Quise. (Quiero).


Me descubrí mirándote mientras dormías y quise quedarme siempre. Quise acampar en tus párpados cerrados y también bailar al compás de tus suspiros. Quise que fuera más corto el espacio y más lento el tiempo, marcar el fin del mundo donde terminan mis sábanas, y las tuyas. Que se desmorone en mil pedazos, el mundo, me da igual. Quise no temerle a tus silencios y guardarlos, porque las palabras más bonitas las dices con las manos. Quise anidar, como las golondrinas de Bécquer, en tus caderas. Y allí hacer frente a los inviernos en Granada, que son fríos sin ti, dice ahora cada poro de mi piel. Que no aguantarán el siguiente, mis dedos, si no es entre los tuyos. Tampoco quieren. Quise ser canción (durante 19 días y 500 noches) en tus labios. Quise ser. Quise que fuéramos.