8 nov. 2015

Cuestión de confianza

¡Que no me la creo! No me creo a la gente que dice que no confía y es que tú, yo, todos y cada uno de nosotros está hecho para confiar. Confiamos en que abriremos los ojos cada mañana, en que tendremos un día más, otra oportunidad. Confiamos en que, al abrirlos, todo estará justo como lo dejamos porque de lo contrario no lo volveríamos a hacer, no los volveríamos a abrir o quizás no los cerraríamos jamás. Confiamos en que el tic-tac del reloj continúe su incesante carrera con el tiempo que nosotros mismos inventamos, para así centrarnos en los segundos y que la vida pese menos porque le tenemos miedo. Confiamos en que tendremos tiempo para hacer eso que nunca hacemos, eso que siempre posponemos para después. Las duras conversaciones, las caricias, los difíciles perdones, todas las buenas acciones, nosotros. Confiamos en que habrán siempre unos brazos calientes que perdonen nuestras meteduras de pata, nuestras mentiras y nuestras idas de olla, nuestra locura. Confiamos, y lo sé porque nos callamos demasiadas cosas, guardamos grandes sentimientos, no abrazamos lo suficiente y nos miramos demasiado poco y de reojo, damos la espalda, contamos los años y no las experiencias. No vivimos, soñamos con vivir. Confiamos en el para siempre, cuando sabemos que es para solo un rato.