22 abr. 2016

Ella. H.

Él me la presentó y ella, me enamoró. Juntos eran poesía. Y supongo que a ratos, ahora, lo somos también nosotras. Ya no me acuerdo si fue lo imprevisible de sus curvas, los enigmas que la guardan o las dudas que arrastra, que acabó por arrastrarme a mí con ellas. Y ahora soy toda dudas, cuando la pienso y cuando no. Ya no me acuerdo si fueron las cosas que aún no sé de ella, las que calla y encierra bajo el tiempo y capas de piedra, que me encerró. Quizás fue lo que sé que jamás sabré. No importa el barro, con ella, ni la sangre, sus muertos, el hierro o el fuego que la visten. Con ella no duele lo que dolió. Se esconde en diarios de rostros desconocidos, en fotografías borradas, en gotas de lluvia, cajones oscuros, oxidadas cadenas, llantos, en el olvido de todos, en sus amantes, en él y en mí. O quizás mienta y no se esconde. También la encuentras en cada esquina. Ya no me acuerdo si fueron sus mentiras y mitos, que la envuelven y me envolvieron en ella. Es caprichosa, enredada, volátil, es esencia, frágil, es personas entre los huesos, es prisa y calma al tiempo, día y noche, es “nosotros”. Ya no me acuerdo qué fue. Fue ella.

Soy pasión con ella.

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